La sexualidad, característica y potencialidad eminentemente humana, es un fenómeno vasto y complejo inherente a todas las personas que consta de cuando menos 5 elementos fundamentales: sexo, género, reproductividad, relaciones afectivas y erotismo.
Este último, el erotismo, es la potencialidad humana de generar y compartir una forma especial de placer, el emanado del deseo, la excitación y el orgasmo. El erotismo incluye las sensaciones, ideaciones y fenómenos mentales que rodean a esa manera peculiar de producir bienestar.
Es de mi interés comentar algunos aspectos relevantesde la vida erótica en las personas llamadas viejas, ancianas, de la tercera edad, adultos y adultas mayores y otras denominaciones, a veces objetivas, a veces eufemísticas. Lo verdaderamente importante es desmitificar la inexistencia o empobrecimiento del erotismo en las personas mayores, “por razones fisiológicas”, contribuir a demostrar que la vida erótica en las personas viejas no solamente existe, sino que puede ser enriquecido y, finalmente, proponer algunos elementos que permitan incrementar esa vivencia como fuente de salud sexual y general.
Un hecho bien documentado es que, en lo general, las personas añosas suelen limitar e incluso cancelar su vida erótica. Esto a pesar de que no existe ninguna razón ni psíquica ni fisiológica que lo justifique. Se ha dicho que el erotismo no envejece y esto es estrictamente cierto: la persona adulta mayor no deja de experimentar deseo, excitación y orgasmo por el hecho de su vejez, pero, en la mayoría de los casos ha introyectado el prejuicio social de que los viejos y las viejas “ya no tienen edad para andar haciendo esas cosas” es decir, han hecho suya la falsa noción de que, como personas mayores, han perdido su derecho de disfrutar del placer erótico.
Si bien es cierto que en la adultez mayor se modifica la respuesta erótica (así por ejemplo, en ellas disminuye la lubricación vaginal y la intensidad de las contracciones orgásmicas y en ellos pierde consistencia la erección y disminuye la necesidad fisiológica de eyacular), estos cambios no son suficientes para disminuir la calidad del erotismo y mucho menos para suspender las relaciones sexuales. Están bien documentados los hechos de que el hipoestrogenismo de la mujer mayor no reduce per se ni el deseo ni la capacidad orgásmica y que el así llamado climaterio masculino afecta apenas al 5% de la población; este último obedece a déficit androgénico y se soluciona simplemente con la administración de testosterona.
No son, pues, razones fisiológicas las que limitan o cancelan la vida erótica de las personas viejas, sino más bien tendríamos que atribuir lo anterior al síndrome social del ancianismo. Este es un prejuicio (de alguna manera semejante al racismo o discriminación por etnia y al sexismo o discriminación por género) que consiste en atribuirle a la persona añosa una serie de rasgos que limitan su existencia, por ejemplo, considerar que por su “avanzada edad” ya no tiene derecho al placer erótico.
El ancianismo aunque injusto resulta lógico en una cultura en la que se exaltan la juventud y los estereotipos de belleza y se excluye de la participación social preponderante a las personas viejas. El ancianismo se acentúa también por el privilegio que en nuestras sociedades se da a la función reproductiva; así, una persona que ha dejado de tener dicha función (como la mujer añosa), perdería también la razón de ser de sus relaciones eróticas.
Los sexólogos clínicos podemos acreditar fehacientemente que las personas mayores, hombres y mujeres desean cubrir sus necesidades afectivas y eróticas, pero que a menudo tiene grandes dificultades para lograrlo. Por ejemplo, son comunes los chistes que aluden a “los viejos rabos verdes y las viejas lagartonas”, abundan las críticas adversas a los hombres y mujeres viejos que acometen un cortejo, un romance o un encuentro sexual, se han visto con frecuencia limitaciones y prohibiciones para que tanto en las casas y asilos los hombres y mujeres viejos tengan encuentros eróticos, particularmente si son viudos o no tienen pareja estable, etc.
Desde el punto de vista médico hoy se sabe que la presencia de orgasmos mejora la calidad de vida física y emocional dado que al generar placer el talante se aviva, además de que hay efectos benéficos sobre la calidad del endotelio, produciéndose efectos positivos en el área cardiovascular.
Resulta necesario, en atención a los derechos sexuales, el modificar las concepciones tradicionalistas que se sintetizan en el ancianismo, para propiciar una cultura de respeto al derecho al placer de las personas viejas, lo cual supone por una parte reconocer a la persona añosa como un ser valioso que requiere satisfacer todas sus necesidades físicas, materiales, emocionales y sexuales y por otra, que el placer erótico es un elemento importante de la salud física y emocional.
Con relación al erotismo de las personas de la llamada tercera edad, resulta fundamental que las sociedades y los individuos tomemos en cuenta las siguientes frases emanadas de la Declaración de Valencia sobre los derechos sexuales, dada a conocer el 29 de junio de 1997: La sexualidad humana es dinámica y cambiante, se construye continuamente por la mutua interacción del individuo y las estructuras sociales, está presente en todas las épocas de la vida como fuerza integradora de la identidad y contribuye a producir y fortalecer los vínculos interpersonales. El placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es fuente de bienestar físico, psíquico, intelectual y espiritual. Es parte de una sexualidad libre de conflictos y angustia, promotora del desarrollo personal y social.
Los seres humanos tenemos derecho a la igualdad y equidad sexual, lo cual se refiere a estar libre de todas las formas de discriminación. Implica respeto a la multiplicidad y diversidad de las formas de expresión de la sexualidad, sea cual fuere el sexo, género, edad, etnia, clase social, religión y orientación sexual a la que se pertenezca.
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