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Profesionistas en Psicoterapia Sexual Integral. A. C.

Transexualidad y teoría paradójica del cambio

Dr. David Barrios Martínez.
Caleidoscopía, Espacio de Cultura Terapia y Salud Sexual.

Aspectos generales


La transexualidad es una discordancia entre el sexo (características físicas y fisiológicas condicionadas genéticamente, que en una especie distingue a las hembras de los machos) y la identidad de género (convicción psicológica, personal, de ser hombre o de ser mujer). Es, asimismo la certidumbre ( y emociones que la acompañan) de pertenecer al otro sexo morfológico. También puede entenderse la transexualidad como el sentimiento íntimo y privado de pertenecer a un determinado sexo /género y estar poseyendo un cuerpo que pertenece al otro.

Una persona transexual que biológicamente es varón, se sabe, se intuye, se siente mujer, lo correspondiente acontece con una persona que biológicamente es mujer: se siente varón. La vivencia personal de esta condición humana representa una incongruencia e incomodidad tan intensa para la persona, que resulta explicable un permanente afán de lograr la armonía necesaria de poseer las características corporales que le doten de la congruencia que implica que lo interior y psicológico (identidad de género) coincida plenamente con lo exterior y físico (fenotipo o manifestaciones visibles del sexo). Por ello, las personas transexuales que poseen la información necesaria, buscan la ayuda profesional que les permita un desarrollo integral y armónico, el cual, como se verá líneas más adelante, es mucho más que lo que vulgarmente se conoce como “operación de cambio de sexo”.

Es conveniente señalar que desde la sexología existencial humanista la transexualidad no se considera una patología mental, sino una condición humana que forma parte de la enorme diversidad sexual que existe. Hay más hombres biológicos que se consideran mujeres, que mujeres biológicas que se consideran hombres; la proporción varía entre 8:1 y 3:1. Aunque algunos datos estadísticos aseveran que hay una persona transexual por cada 100 mil habitantes varones y una por cada 130 mil mujeres (Pauly), los sexólogos, en general, pensamos que se trata de un sub registro es decir, hay más personas transexuales que las que comúnmente se cree.

Un poco de historia


Se puede deducir que desde épocas inmemoriales ha existido la condición transexual ,aunque por supuesto, insuficientemente estudiada y poco comprendida. Aunque el gran protosexólogo Magnus Hirschfeld (1910) había estudiado algunos casos de personas transexuales, no había podido diferenciarlas de situaciones tales como el transgenerismo y el travestismo. La primer reasignación integral de sexo/género (que incluyó el cambio quirúrgico) documentada fue en los años veintes del siglo pasado y su protagonista, una persona danesa que vivió inicialmente como varón biológico y posteriormente como la mujer que internamente siempre fue, de nombre Lili Abner. En 1949 fue D. O. Caldwell quien acuñó el término “Transexualidad”, sin embargo es Harry Benjamin quien hizo popular el concepto y esbozó las características propias de la condición transexual en su celebrado texto “The Transexual Phenomenon”, de 1966. Esos rasgos peculiares de la transexualidad son los siguientes:

1) Un sentimiento permanente, desde toda la vida, de pertenecer al otro sexo/género.

2) Conductas y actitudes del otro sexo/género, con aparición temprana y persistente del gusto por “vestirse” sin erotizarse.

3) Disgusto y aversión por sus propios órganos sexuales externos, sin canalizar placer a través de ellos.

4) Desden por conductas homosexuales.

En 1963, John Money, Knorr, Edgerton y Jones, establecieron la primera clínica de identidad de género en la Universidad John Hopkins, en lo que constituyó el primero, entre muchos esfuerzos posteriores, para estudiar y tratar multidisciplinariamente la discordancia sexogenérica o transexualidad. Otro hito científico de suma importancia fue la publicación, en 1969, del libro “Transexualidad y reasignación de sexo”, por Money y Green, considerado por muchos la primera publicación científica sobre el tema.

En cuestiones de nomenclatura, Fisk ha propuesto el término “Síndrome de disforia de género”por considerarlo más descriptivo y en atención de que muchos consultantes que solicitan el cambio quirúrgico de sexo no encajan en la definición clásica de transexualidad y no necesariamente reúnen todas las características propuestas por Harry Benjamín. Otro transexólogo importante, John K. Meyer, ha sugerido que se utilice la palabra “transexual” en un sentido general para describir a cualquier persona a la que se le haya celebrado la cirugía “de cambio de sexo”; en cambio, propone el término “eonista” para la persona que corresponda a las características descritas por Benjamín.

Identidad de género y transexualidad.


. K. Meyer opina que la identidad de género es una suerte de amalgama de las variadas influencias que determinan el sentirse hombre o mujer; se trata de una dimensión psicológica completamente distinta al rol de género, a la orientación sexual y al género per se , que corresponde a una construcción social y cultural. En la gran mayoría de los casos, esta identidad de género coincide con el sexo ; sin embargo, en las personas transexuales no ocurre así y existe la discordancia ya comentada.

A la pregunta: ¿porqué hay personas transexuales?, las respuestas que brinda la ciencia hasta hoy han sido insuficientes: no se han encontrado en las personas con disforia de género evidencias de anomalías cromosómicas, alteraciones anatómicas o fisiológicas o de los patrones hormonales. También se han descartado como factores explicativos de la transexualidad, tanto la influencia de las hormonas sexuales en la etapa previa al nacimiento, como influjos psicológicos y sociales posteriores al mismo. Es decir, la identidad de género, cuando menos en las personas transexuales, es relativamente independiente de las experiencias de aprendizaje y crianza, tal como afirma Simon Le Vay. Tan es válida esta opinión, que en las historias clínicas de personas transexuales encontramos como dato común que un niño biológico es educado y tratado como varón y una niña biológica es tratada y educada como mujer, ambos desarrollan disforia de género, sin que existan modos atípicos de crianza y aprendizaje en su vida. Aunque algunos análisis de familias de personas transexuales han mostrado lo que sus autores llaman “excesivo acercamiento físico con la madre” y “un padre ausente”, estos datos no son consistentes, por interpretativos, parciales, no contrastados con la población general e incompletos, ya que solo explicarían la situación de los varones biológicos con disforia de género.

John Money efectuó amplios estudios de la identidad de género en personas transexuales y arribó a la conclusión de que existe un período crítico durante el cual se establece el “núcleo genérico” o identidad genérica esencial, alrededor del tercer año de vida, después del cual la identidad se desarrolla pero no cambia. El propio Money consideró que esa identificación es básicamente producto del aprendizaje y que corresponde a la misma etapa en la que se desarrolla el lenguaje.

J. K. Meyer cree que la identidad de género es determinada por las experiencias intrafamiliares cotidianas. Por último S. Le Vay plantea la probable existencia de una representación cerebral, una suerte de “microchip” de la identidad de género, lo cual reduciría la importancia de cualquier experiencia de vida.

Lo que parece ser incontrovertible es que una vez que la identidad de género se establece (lo cual ocurre en una temprana etapa de la vida) es imposible modificarla.



Abordaje profesional de la transexualidad.


Como ya se ha visto, en la condición humana de la transexualidad no es factible cambiar la identidad de género; en cambio, el fenotipo o manifestación física externa, sí. Los criterios de selección para participar en un programa de lo que los sexólogos llamamos reasignación integral de sexo, deben ser estrictos, e incluyen un profundo estudio que le permitan al profesional asegurarse de que la persona en cuestión es verdaderamente transexual. Para el caso específico existen protocolos internacionalmente consensuados. Expongo al lector o lectora el del Programa de Disforia de Género de Stanford que expresa de manera clara y sencilla los requisitos para participar en la reasignación mencionada:

  1. Presentar una historia documentada de disforia de género.
  2. La persona no debe tener alteraciones mentales psicóticas.
  3. La o el solicitante no debe estar casado(a).
  4. Ausencia de contraindicaciones médicas para la cirugía.
  5. La persona debe aceptar un seguimiento post operatorio.
  6. La persona hará un vivencia plena, durante 12 a 24 meses, del rol de género deseado.
  7. Efectuará una terapia hormonal durante 12 a 24 meses por lo menos.

Una vez aceptada la persona transexual para el inicio de un proceso de reasignación integral, éste se desarrolla en un contexto psicoterapéutico que en el existencial humanismo en sexología llamamos teoría paradójica del cambio. Esta, expresada sencillamente, indica: “la persona cambia cuando es ella misma”. Es decir, la reasignación integral le permite un proceso en el que deja atrás lo que no era, para transformarse en lo que verdaderamente es.

Se trata de una intervención terapéutica no curativa sino de acompañamiento emocional solidario y empático con las necesidades específicas de persona transexual. Por supuesto, el acompañamiento terapéutico es el espacio idóneo en el que la persona que está en el proceso realiza una serie de “pruebas de realidad” físicas, sociales, escolares, familiares y de interrelación con otros que genera o propicia respuestas emocionales que deben ser atendidas es ese contexto de cambio y adaptación. El bienestar físico y emocional emanado de la vivencia en el rol de género idóneo y de los cambios físicos generados por la administración de hormonas, garantizan el buen paso a la fase quirúrgica.

Las intervenciones quirúrgicas transicionales de hombre a mujer, incluyen: extirpación de testículos, reducción de “la manzana de Adán” del cuello, incremento de los pechos con implantación de silicón u otro material y la operación denominada vulvovaginoplastía, que consiste en la creación de una cavidad vaginal a partir de la utilización de tejido de la piel peneana, misma que sirve para revestir la nueva vagina. Se acorta la uretra y a partir de la bolsa escrotal que antes envolvía a los testículos, se le da forma a los labios vaginales Así mismo, se crea un “clítoris”.

En el caso de la transición quirúrgica de mujer a hombre, se realizan: extirpación de pechos (mamas), útero, tubas uterinas y ovarios; formación de un pene (neofaloplastía) con piel redundante de la vulva y con injertos de otros sitios. También se crea quirúrgicamente un escroto a partir del tejido de los labios mayores. Esta bolsa escrotal es llenada con cápsulas de silastic u otro material.

Si bien el aspecto que más llama la atención del público es el que se refiere a la llamada “cirugía de cambio de sexo”, lo más significativo y trascendente en la persona es la vivencia del papel genérico que siempre ha deseado. Así lo afirma Marti Horberg, un gran estudioso de estos temas: “lo que en realidad causa la transformación es el hecho de vivir según el género que se requiere; la cirugía solo confirma lo que de hecho ya sucedió”.

Deseo concluir con el breve testimonio de Margarita (el nombre es ficticio), consultante que ya ha pasado por las fases social, hormonal y quirúrgica dela reasignación integral de sexo/género:

“Ahora soy yo misma, completa, congruente, feliz. Sigo teniendo problemas como cualquier persona, pues mi proceso no es una panacea que todo lo resuelve. Sin embargo, he arreglado mi asunto esencial: soy la mujer que siempre he sido, pero ahora me muevo libremente por el mundo, soy tratada como chica y ya tengo el cuerpo que soñé. Nadie más me obligará, como sucedió durante mucho tiempo, a conducirme como hombre. Mi estilo de vida actual me satisface y me siento integrada y productiva”.

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