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Profesionistas en Psicoterapia Sexual Integral. A. C.

El pene

Dr. David Barrios Martínez
Caleidoscopía, Espacio de Cultura Terapia y Salud Sexual.

Mito machista.

Ha dicho Joseph Cohen: “Schwarzenegger lo tiene largo, Brad Pit lo tiene corto, Madona no tiene y el Papa nunca usa el suyo…”.

El órgano sexual externo más importante para la conformación de la identidad y virilidad machista de los varones, es el pene. No hay parte de la anatomía masculina tan llena de cargas emocionales, leyendas, mitos y falacias como este apéndice eréctil. Basta con revisar la cantidad de nombres que el habla popular le asigna, para darnos cuenta de la importancia que tiene, en especial para los hombres. De hecho, para la mayor parte de las mujeres el tamaño del pene carece de interés, porque lo más importante para ellas es la persona que lo posee. No obstante, los machos desinformados tienen como ideal aspiracional poseer un órgano viril de gran tamaño que les permita “ser más hombres”.

Por los prejuicios, la escasa información sexológica y la utilización del humor para ocultar nuestra ansiedad, pocos le llamamos por su nombre, ya que si bien se encuentra omnipresente en los chistes y bromas de todo color, casi siempre se le denomina por medio de alguna metáfora, (chile, verga, palo, rifle, macana, plátano, camote), pues su poder sobre nuestra existencia es tal, que pareciera que necesitamos exorcizarlo por medio de la mención constante, pero jamás directa.

Y es que los varones valoramos a nuestros penes, precisamente por ser el centro (según nosotros), del acto sexual, opinión que no comparten la mayoría de las mujeres. Lo cierto es que los hombres, pensamos mucho más en nuestros propios penes de lo que nos confesamos a nosotros mismos. Los comparamos con los demás en las regaderas o los mingitorios, e inclusive hay quienes llegan al extremo de valorar su hombría de acuerdo al tamaño de su miembro viril.

Por cierto, los estándares indican que un pene en estado de flacidez tiene 9.2 cm y en erección, 12.75 cm. El hecho es importante, porque el añejo mito sobre la importancia del tamaño para producir estimulación erótica, es completamente falso. La mayor parte de las mujeres acceden al orgasmo por estimulación directa del clítoris (que está en el exterior) o del punto G, zona que se encuentra a menos de 5 cm de la entrada vaginal.

La erección.

Ante un estímulo erótico, las neuronas liberan una sustancia llamada óxido nítrico (ON), mismo que también es liberado por los vasos del endotelio del pene. Esta sustancia, a su vez, forma una segunda sustancia llamada GMP cíclico. Ambas sustancias son vasoactivas, o sea que promueven la dilatación de los cuerpos cavernosos del pene al llenarlos de sangre.

Una vez que aquella señal ha sido enviada, recorre la espina dorsal y llega a la zona del perineo y la pelvis, donde ocurre una vasodilatación (o sea que los vasos sanguíneos se ensanchan), permitiendo un mayor flujo de sangre, la cual provoca la plétora sanguínea, es decir que el pene se llene de sangre provocando su erección y rigidez., así mismo se ocluye el mecanismo de retorno venoso, evitando que la sangre salga del pene mientras dure la erección.

Dado el carácter crucial del cerebro en la función eréctil del pene, una distracción, un susto o cualquier otra molestia pueden impedir o bien interrumpir el proceso de erección. También la médula espinal cuenta con un centro de erección independiente, sin embargo recientemente se ha descubierto que su importancia es minúscula comparada con la del cerebro. Una vez erecto, el pene puede ser sometido a una serie de manipulaciones masturbatorias o bien penetrar una vagina, una boca o un ano, donde la fricción repetida por los movimientos pélvicos, ocasionará la salida del semen al exterior, llamada eyaculación. Ésta se produce en dos fases. Durante la primera, el semen pasa de los órganos internos pélvicos a la primera porción de la uretra. En la segunda, el líquido seminal llega a la porción uretral en la que será expulsado al exterior.

Antes de ello, los espermatozoides han pasado de los testículos a la uretra posterior, donde se mezclan con el líquido procedente de las vesículas seminales y de la próstata, conformando finalmente el semen.

¿Y la disfunción eréctil?

La incapacidad persistente para lograr o mantener una erección suficiente para una relación erótica satisfactoria, se denomina disfunción eréctil. Existen dos grandes grupos de causas de esta disfunción:

1.- el psicológico, básicamente determinado por la ansiedad y el temor de desempeño y

2.- el orgánico, en el que los factores más importantes son las complicaciones de padecimientos físicos tales como diabetes mellitus, hipertensión arterial, hiperlipidemia, arterioesclerosis, depresión, entre otros.

La terapia sexual integral tiene muy buenos resultados en la disfunción eréctil. Si el origen de este trastorno de la erección es predominantemente orgánico, tienen excelentes beneficios, los medicamentos conocidos como inhibidores de la fosfodiesterasa 5, entre los que descuella por su seguridad y eficacia farmacológica, el célebre citrato de sildenafil o Viagra.



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