En la actualidad, el término disfunciones eróticas substituye al de disfunciones sexuales, por considerarse más específico. Clínicamente, se definen como síndromes persistentes que
alteran negativamente el deseo, la excitación, la meseta o el orgasmo / eyaculación.
Las disfunciones de la vida erótica pueden clasificarse en cuatro grandes grupos:
Por su presentación, en primarias y secundarias. Las primeras son las que están presentes desde el inicio de la vida erótica; las segundas, aquellas que se presentan después de un
período de funcionamiento adecuado.
Por su etiología, las disfunciones eróticas pueden ser: orgánicas, psicológicas, socioculturales y mixtas, según tengan, respectivamente, un origen físico, emocional, por influencia del
aprendizaje y el entorno social o bien, cuando son el resultado de una combinación de etiologías.
En realidad es excepcional encontrar alguna disfunción erótica cuya causa sea “pura”. Lo más frecuente es que en cada disfunción haya una conjunción de factores, en el que participan
aspectos socioculturales, psicológicos y orgánicos, así como el desequilibrio de uno o más de los vértices del triángulo del amor (intimidad, pasión compromiso).
Por otro lado, las disfunciones eróticas pueden ser selectivas, cuando se presentan con alguna(s) persona(s) y con otra(s) no y situacionales, cuando su aparición depende de
factores circunstanciales, tales como lugar y tiempo.
Existen diversas clasificaciones de las disfunciones eróticas que atienden la fase de la curva de la respuesta sexual en la que surjan:

Las alteraciones del deseo pueden ser: disminución de su intensidad (deseo hipoactivo), ausencia total de deseo (inhibición), aversión sexual e inclusive fobia a la actividad sexual;
ésta última incluye reacciones psicosomáticas.
Mención especial merece la disrritmia sexual, la cual estriba en la disparidad en la intensidad o en la frecuencia de la emergencia del deseo, en cada miembro de la pareja.
Las alteraciones de la excitación son dos: una en la mujer, la hipolubricación vaginal y otra en el hombre, la disfunción eréctil. La primera consiste en la disminución o virtual ausencia
de secreción lubricante en las paredes vaginales. La disfunción eréctil es la incapacidad persistente de tener o sostener una erección suficiente para iniciar la penetración o para
proseguir ésta.
Las alteraciones de la meseta o excitación incrementada son cuatro: preorgasmia, la cual consiste en una prolongación sostenida de la meseta que conlleva la desagradable sensación
de “un orgasmo esperado y no cumplido” , es decir, la inminencia de placer que se transforma en cansancio por prolongación de la meseta, del que finalmente resulta un orgasmo
de escasa intensidad, predominando la reacción miotónica sobre la sensación subjetiva de placer.
Un fenómeno análogo al anterior es la eyaculación retardada del varón, en el sentido de que se presenta luego de una meseta muy prolongada que suscita cansancio y malestar, pudiendo
sobrevenir después de un orgasmo pobre o en ausencia de éste.
La inhibición eyaculatoria o aneyaculación es privativa de los hombres y consiste en un grado extremo de la eyaculación retardada, pues la expulsión de líquido seminal por la uretra, no
se produce.
La eyaculación precoz, es la disfunción de la vida erótica más frecuente en los varones. Estriba en la ausencia de control voluntario sobre la eyaculación, la cual sobreviene en forma
inoportuna y rápida, por ejemplo, antes, durante o poco después de la penetración.
Las alteraciones del orgasmo son: la anorgasmia o ausencia de orgasmo, que puede presentarse en mujeres y en hombres y el orgasmo rápido, que también es posible en varones
y mujeres; consiste en que las contracciones mioclónicas y la sensación subjetiva de placer se suceden prontamente, por lo que algunos autores consideran que su sustrato fisiológico
es un acortamiento o anulación de la meseta en la que el orgasmo se presenta inmediatamente después de una incipiente excitación. Paradójicamente, el resultado final de que el placer
intenso sobrevenga pronto, es una sensación desagradable.
Hay dos disfunciones eróticas llamadas universales porque se presentan independientemente de la fase de la curva de la respuesta sexual en la que la persona se halle: la dispareunia
o dolor pericoital, que puede ser antes, durante o después de la penetración y que no es privativo de las mujeres, pues también los hombres son susceptibles de tenerlo. Y por último,
el vaginismo, el cual consiste en la contracción involuntaria de los músculos del tercio externo de la vagina que dificulta e incluso puede impedir la penetración.
Bibliografía
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